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La Presidencia española de la Unión Europea acaba de comenzar y son ríos de tinta los que han corrido sobre sus planes y futuro. Enrique Barón Crespo, presidente del Parlamento europeo durante el decisivo periodo que va desde 1989 a 1992 y destacado socialista, desgrana en esta entrevista exclusiva para Eurity algunas de las claves que marcarán los próximos seis meses en el plano comunitario.

¿Cuáles son los retos a los que se enfrenta la Presidencia española? ¿Cuál cree que debería ser el interés comunitario fundamental de los próximos seis meses?

La Presidencia del Consejo de Ministros de la UE no es la de un gobierno. Es como un Director de orquesta que no escribe la partitura pero imprime su propio estilo en la ejecución. En el presente caso, tiene como característica fundamental iniciar una nueva etapa, que va a definir la agenda europea con un horizonte 2020: implementación del Tratado de Lisboa para conseguir más democracia y eficacia; replanteamiento de la agenda de Lisboa para superar la crisis y diseñar una economía sostenible capaz de generar empleo, con prioridades en la supervisión financiera; negociación de la agenda climática con vistas a México; conclusión de la Ronda de Doha en el comercio; y una apretada agenda internacional, con prioridades como la lucha contra el terrorismo con una voluntad de avanzar en la Alianza de Civilizaciones.

La aplicación del Tratado de Lisboa, con Van Rompuy y Ashton como nuevas figuras principales en el panorama comunitario, parece haber diluido las intenciones españolas de liderar en la práctica la nueva Europa. ¿Cree que ambos desarrollarán una verdadera actividad de liderazgo en sus respectivos campos, o pasarán a un discreto segundo plano para “no molestar” a los jefes de Estado, razón que parece estar detrás de sus nombramientos?

La principal institución comunitaria es la Comisión, por tener el monopolio de iniciativa y el presupuesto; la segunda Comisión Barroso está superando el examen de investidura en el Parlamento Europeo en estos momentos. La Sra. Ashton será Vicepresidenta de la Comisión. En cuanto a Van Rompuy se estrena como Presidente del Consejo Europeo, figura de nueva creación con funciones de moderador y de representación. Ciertamente, hay un delicado trabajo de encaje y cooperación entre los tres, pero a la vista de la experiencia, no comparto precipitados juicios de descalificación.

Recientemente, algunas publicaciones anglosajonas y norteamericanas, especialmente Financial Times yThe Economist, se han mostrado muy críticas con Zapatero y la Presidencia española. ¿Qué opinión le merecen estas críticas?

Están en su derecho y su deber porque la prensa libre es crítica por definición. Lo que me asombra es el papanatismo de considerar que algunas publicaciones parecen tener el monopolio de la verdad revelada. En concreto, si se lee regularmente las dos que señala, sus juicios son más matizados y con propuestas interesantes.

¿Cuál debe ser la relación con Cuba impulsada desde la Presidencia española?

¿Sería mucho pedir que la UE tuviera una postura parecida a la que mantiene con dos regímenes similares en lo político a Cuba como la China popular o Vietnam? Creo que la UE debe ayudar a Cuba en todo lo que suponga ayudar a la transición a la democracia, y estaría en el interés del actual régimen cubano ayudar a una política de apertura más que un encastillamiento inútil.

En el pasado, Zapatero se ha mostrado favorable a una hipotética entrada de Turquía en la Unión Europea. ¿Cree que es un buen momento para iniciar un acercamiento desde la Presidencia española a esa problemática?

El hecho es la UE está en pleno proceso de unas negociaciones de adhesión complejas y controvertidas con Turquía, donde también en Turquía hay una reconsideración estratégica. El Gobierno Español mantiene una postura favorable que se corresponde con los compromisos contraídos por la UE, y son otros los gobiernos y fuerzas políticas los que plantean reservas o se oponen abiertamente.

¿Qué necesita la Unión Europea para seguir siendo un agente de primer orden mundial?

La UE es el primer ensayo exitoso de construcción de una democracia supranacional entre Estados y ciudadanos en la historia. No es un proceso acabado. Necesita más coherencia, voluntad y perseverancia para hacer realidad los principios, valores y objetivos consagrados en el Tratado de Lisboa.

Estados Unidos y China se perfilan como los dos grandes actores del panorama mundial de los próximos años. ¿Qué puede Europa ofrecerle a Estados Unidos para que no gire la cabeza hacia Asia?

Serán dos de los grandes en un contexto multilateral en el que están otros, por eso se ha pasado del G 7 al G 20. La UE sigue siendo la primera potencia económica y comercial, y es decisiva en lo monetario; en lo político depende de nosotros, que tenemos que mirar también todas direcciones incluida la asiática.

Usted fue Presidente del Parlamento Europeo entre 1989 y 1992. ¿En qué cree que han cambiado Europa y las instituciones europeas en los años que han pasado desde entonces?

Viví como Presidente la caída del muro con el final de la guerra fría y el paso de la Comunidad a la Unión Europea como Unión Política, Económica y Monetaria. En estos veinte años hemos pasado de 12 a 27 Estados, con 500 millones de ciudadanos, hemos creado y consolidado el euro y en un trabajoso proceso de cuatro Tratados hasta Lisboa, reforzado nuestra democracia y eficacia. Por primera vez en siglos, Europa vive en paz y comparte los mismos valores; ahora tiene que responder al desafío de contar en un mundo del que cada vez representa una parte menor.

¿Con qué se queda de su larga trayectoria como europarlamentario y en las instituciones comunitarias?

Con la satisfacción del deber cumplido, al haber participado activamente en la causa más noble y sugestiva de nuestra época europea, con carácter pionero a nivel global.

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